Ya pasó, y al final, después de escribir el anterior comentario me empece a animar y me duché con música de la buena y me sentí bien.
Me puse guapo y preparé mi cámara de fotos.
Ya sabéis, comimos demasiado, cordero también y la noche fué una gran noche, hubo bellos encuentros y fue una pena los que por una escusa u otra, no se acercaron a felicitar el año, los buenos se que sí, allí estuvieron y se lo agradezco gratamente; pues en una noche así, me hubiese gustado estar con ellos, tampoco pido que se queden allí, pero una abrazo en un momento así tiene un significado distinto y más si pasaron por a lado de la puerta.
De todas maneras es una noche loca y es entendible que siguiesen otros caminos.
Fue una gran noche en la que no pàré de poner música, una noche en la que todos bailaron y en la que haces repaso y te permites licencias, pones algo de aquí y algo de allá y hasta pones temas que nunca pondrías en una noche normal, como Bonnie Tyler, Orquesta Mondragon, Chumbawamba o Gabinete Caligari. La gente no paró de bailar.
Cabe pensar que por el comentario anterior yo sea una persona triste pero el caso es que a la hora de hacer repaso la epidermis es delicada y toca botones peligrosos.
Hay cosas que te dejan marcadas a lo largo del año. Te dejan un achaque lo cargas encima y se queda contigo para siempre.
Como aquel día que a mi ama le dió por hecha legía la colada y la lavadora decidió no moverse más. de modo que desde entonces hiciera que toda esa ropa tuviese doble personalidad; desde entonces tengo un calcetín más claro que el otro, mi chaqueta de los domingos es bicolor y la colcha de mi cama tiene un lado más triste que el otro.
Son cosas que te dejan marcado.
Como el día en el que el peluquero te hace el gran peinado horrible del año, que quizá fuese comercial en un futuro lejano, muchos agradecerían un peluquero adelantado a su época, pero yo no soy David Bowie, por eso desde entonces llevo sombrero, que a veces cambió por bolsas de zara que coloco en mi cabeza, bolsas estas, muy recurridas y de status inequívocamente más alto que las de eroski o carrefour..
Pero entre las cosas que he perdido, esta el diente que cascó el día que preparaba el gran concierto de agosto , pelando un cable para colocar un altavoz, a dos horas de empezar el espectáculo y la vergüenza que me daba cantar con un diente menos. Todavía y desde entonces estoy en lista de espera en el dentista para que me lo vuelvan a colocar, lastima que el diente original lo cambié un día en el Estropo por un ataúd de madera.
Desde entonces duermo como los vampiros con una colcha bicolor, se me lleva el viento el sombrero, a veces sueño con trenes, y mi diente de vez en cuando se me queja y canta mejor que yo.
Feliza año nuevo.
Sputnik